jueves, 3 de julio de 2008

REVOLUCION ECOLOGICA

REVOLUCIÒN ECOLÓGICA

El mismo modelo pero con diferente cachimba
Andrés Avellaneda
Colectivo Agroecológico Aragua
Sembrando el conuco

Los sistemas intensivos de producción de carne (avícola, porcinos, cunícolas) y de leche (bovinos) basados en alimentos concentrados ensamblados en Venezuela, son copias fieles de realidades económicas, sociales y agroecológicas muy diferentes a las nuestras. ¿De dónde vienen y cómo surgen estos sistemas? De países como los Estados Unidos y Francia, con la implementación del paquete tecnológico de la llamada “revo-lución verde” (monocultivo, maquinarias pesadas, combustibles y agroquímicos), y sus antivalores
relacionados con la ganancia y el deterioro a la naturaleza (incluyo al género humano); lograron excesiva producción inicialmente de maíz, sorgo y soya (entre otros). Satisfechas sus demandas de consumo humano y compromisos internacionales, les “sobró” gran cantidad de granos, con los cuales decidieron alimentar animales sin importarles la hambruna a nivel mundial. Comienzan entonces a desarrollar la agroindustria de los alimentos concentrados para animales, secundada por sus sistemas de producción intensivos como el avícola, porcino y bovino (carne y leche). De tal forma, se desarrolla una gran industria de producción de proteína de origen animal. Surgen transnacionales, las cuales se asocian a capitales nacionales para ensamblar por todo el mundo, galpones con animales para garantizar la colocación de sus granos excedentes, su comercio tecnológico; a la vez que dominan a los pueblos controlando la producción y consumo de proteínas de origen animal.
En el caso venezolano, todos recordamos al grupo Protinal como unos de los “pioneros” en la fabricación de alimentos concentrados; armaron el andamiaje importado de la industria avícola y cual “colonos” hicieron del sorgo una “realidad”. Por supuesto esto debía ir acompañado con la contratación abierta o encubierta de profesores universitarios, quienes se encargarían de hacer el trabajo de difusión y adoctrinamiento de los futuros científicos, profesionales y técnicos. De hecho cohortes de estudiantes pasaron por ahí a realizar sus pasantías y terminaron como empleados bien remunerados. De esta forma este enfoque tecnológico penetró universidades, centros de investigación e instituciones del estado relacionadas con la producción. Mas tarde surgieron diversos grupos económicos y más poderosos, que con una abierta práctica monopólica controlan el negocio avícola y porcino, desde la importación hasta el consumo.
Este resumen anecdótico (con más con menos) refleja la dependencia de éstos sistemas intensivos con el extranjero, pues hoy día la genética, maquinarias, insumos, tecnologías, medicamentos, biológicos, la soya y lo requerido para sembrar “el maíz y el sorgo nacional” son importados. Esto nos hace reflexionar sobre la vulnerabilidad del aporte de estas proteínas provenientes de estos sistemas de producción de carne intensivos, para la población venezolana.
Producir granos para alimentar animales sin centrarnos en, sembrar granos (cereales, leguminosas) para alimentar directamente a la población humana y cubrir sus requerimientos nutricionales, vale decir las necesidades del ser humano, es satisfacer realmente las demandas de un negocio foráneo; es una conducta antagónica a los valores humanos y a la ideología revolucionaria que deben guiarnos hacia el socialismo.

Energéticamente, alimentar animales con granos, para después comer los animales, ocasiona una gran pérdida energética y de nutrientes, de modo que resulta en una extraordinaria ineficiencia energética (Leer “La Agricultura como problema energético” de José Sedek, FCV-UCV).
El monopolio generado por estos sistemas de producción convierte a los “productores o cooperativistas” en simples cuidadores de animales y a los trabajadores o “lanceros” en simples “echadores” de alimento concentrado, dispensadores de agua y dosificadores de medicinas (división social del trabajo), y los coloca a merced de las transnacionales, ya que a través de la importación, todo lo provee la “agroindustria nacional”, desde el huevo hasta el conocimiento de los veterinarios. Adicionalmente propicia toda una fragmentación de tareas, donde a cada trabajador se le paga por involucrarse en una pequeña parte del proceso, desde la producción hasta el consumo, se separa al trabajador del producto sea pollo, huevos, cerdo, leche (enajenación) y se mercantilizan los principios nutricionales, es decir convierte en mercancía a las proteínas, carbohidratos, grasas, etc. Esto estimula la aparición de una serie de actores intermediarios, especialistas, proveedores, comercializadores, mercaderes que generan jugosas ganancias y plusvalía por las ventas de conocimientos, productos, servicios e insumos importados.
Para sustentar el modelo y sus sistemas de producción, se ha desarrollado toda una tecnocracia que ha “entrampado o engatusado” a la mayoría de población venezolana y su dirigencia. “La carne más barata; la mejor conversión alimenticia (kg de alimento concentrado consumido/producto); la producción nacional a gran escala; la infraestructura instalada, la industrialización, las grandes demandas de pollo; el efecto mercal sobre el desplazamiento de los hábitos de consumo hacia pollo” son subterfugios para favorecer un agronegocio entre transnacionales y oligopolios locales, cuya génesis ya relatamos.

Desde la revolución financiar, desarrollar y reproducir plantas de alimentos concentrados, integraciones avícolas, cooperativas avícolas o porcinas, comprar integraciones, núcleos endógenos con galpones para pollos, ponedoras o porcicultura con base a alimentos concentrados, que son copia fiel y paralela del oligopolio privado entre transnacionales (de cualquier nacionalidad) y capital privado local, es signo de sumisión ideológica y reproducción tecnológica del modelo exógeno, insustentable, inhumano y contraecológico, que evidentemente conspirara contra la seguridad y soberanía alimentaria. Actualmente, sería bueno hacer un balance de la sustentabilidad de muchos “núcleos endógenos” cuyos lanceros (que es pueblo) se quedan embarcados esperando que el agropoder les envíe pollitos, alimento concentrado, biológicos en buen estado, o cupo para la matanza. Al quebrarlos, después sentencian que los lanceros son flojos, irresponsables o que el pueblo aún no está preparado para forjar su futuro.
Seguir reproduciendo granjas avícolas cuya alimentación sea a base de alimentos concentrados, con genética e insumos importados en los núcleos endógenos y con cooperativas, es “el mismo modelo pero con diferente cachimba”.

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